Las preguntas esenciales ¿Qué aspectos de tu vida sientes firmes, estables y seguros? ¿A qué te aferras cuando quieres que algo permanezca igual? ¿Qué valoras por encima de casi todo lo demás? Estas preguntas podrían ser planteadas por un Quirón en Tauro al iniciar una terapia o un coaching. Todas ellas nos llevan a explorar el ámbito donde se manifiestan la seguridad, el cuerpo, los valores personales y la forma en que habitamos lo que consideramos esencial para subsistir. Quirón es un sanador herido, es el arquetipo de aquello que se debe asimilar como condición de vulnerabilidad y no aquello que se pueda resolver en el sentido de desaparecer lo que nos incomoda. Y la herida en Tauro, puede manifestarse como inseguridad o precariedad, justamente de lo que consideramos básico. La medicina de Quirón, el sanador herido, resulta difícil de aceptar en Tauro. Parte de su receta nos enfrenta con la pérdida de certezas: lo que creíamos estable se mueve, lo que dábamos por sentado se vuelve frágil y lo que parecía seguro deja de serlo y volvemos a recuperar memoria: somos seres de existencia limitada, frágiles, en un cosmos que se caracteriza por su permanente cambio y ante el cual muchas veces debemos rendir nuestra voluntad. Cada vez que Quirón pasa por Tauro, suelen activarse temas colectivos vinculados con la economía, la ecología, cambios en la vida material, el arte y lo somático. No es casual que este tránsito dialogue con épocas de inestabilidad y nos recuerde que la vida necesita sostén, pero que ese sostén nunca está totalmente bajo nuestro control. Puede que aún no hayas nacido pero Quirón transitó por Tauro entre 1976 y 1984, y el año que se lo descubrió fue en 1976, siendo bautizado como centauro y con su nombre en 1979. Entre 1976 y 1981, Chile parecía superar una hiperinflación, e implementó reformas de libre mercado lideradas por los Chicago Boys. De acuerdo al Banco Central en aquella época: “se redujeron aranceles, se privatizaron empresas. Esto generó un "boom" con un crecimiento del PIB que promedió el 7,9% anual y un ingreso masivo de importaciones. (...) Pero, este modelo colapsó por un sobreendeudamiento privado en dólares y la caída en el precio del cobre. El PIB se desplomó un 14,3% en 1982 y el desempleo superó el 23%.” Yo era niña y luego una joven adolescente en ese periodo, pero aún recuerdo el “boom” y también la caída que fue bastante estrepitosa y dolorosa para muchas familias. Y ahí está la lección más incómoda de Quirón en Tauro: la herida surge precisamente en la esfera de la vida material, en aquello que nos proporciona sustento, que nos permite vivir plenamente, y que actúa sobre lo que tememos que cambie o que sufra alteraciones significativas. Nos confronta con nuestra vulnerabilidad y la impermanencia e implica a lo largo del proceso el reconocimiento, uso y gestión de nuestros propios recursos para mantener la vida y alcanzar la autosuficiencia. Hace años, en un grupo, alguien propuso un ejercicio sobre el apego y el desapego: escribir cinco cosas, situaciones o personas a las que estuviéramos profundamente apegados. Luego fue retirando uno por uno esos papeles. La sensación de incomodidad que produjo cada pérdida terminó dejando una enseñanza simple y difícil a la vez: la realidad es impermanente. Ese ejercicio nos muestra algo que ocurre todo el tiempo en la vida: lo que hoy sentimos nuestro, mañana puede cambiar. Quirón en Tauro nos invita precisamente a hacer las paces con esa verdad. El Cuerpo como templo Generado por IA nanobanano Tauro también simboliza el cuerpo, y muchas veces solo le prestamos atención cuando empieza a hablar a través de una molestia, una dolencia o una enfermedad. Hasta entonces, lo tratamos como si fuera infinito o una cosa aparte fuera de lo que somos. Pero el cuerpo es un organismo inteligente, sensitivo, profundamente conectado con la vida y con los ciclos que nos atraviesan. No es un mero instrumento: es el medio por el cual experimentamos nuestra historia, nuestro deseo y nuestra conciencia, y para algunos podría vivirse el cuerpo como aquello que somos. Por eso, cuando estamos sanos, vale la pena reconocerlo con gratitud. Cuidarlo, escucharlo y respetarlo no es un lujo; es una forma concreta de honrar la experiencia de estar vivos. Las terapias somáticas surgieron con un nuevo ímpetu creativo la última vez que Quirón se encontraba en Tauro. Quirón representa no solo la herida, sino también un instrumento o canal de sanación, ofreciendo caminos alternativos para mitigar el sufrimiento. Por lo que es posible que podamos ver nuevos caminos o conexiones entre soma y psique o el resurgimiento de viejas terapias que vuelven a hacer sentido. Autosuficiencia y Valoración PersonalLa herida quironiana también toca el sentimiento de inferioridad, la idea de no ser suficientes o de no ser capaces. A veces, esos temas surgen a través de cambios laborales o remunerativos, despidos masivos, nuevas tareas asignadas. En los despidos, el outsourcing parece tener todas las cualidades quironianas necesarias para que como trabajadores no perdamos la autoestima o descubrir o revalorar habilidades. En estos procesos de cambio, entonces, aparece una pregunta esencial: ¿cómo cierro la brecha entre lo que disfruto, lo que sé hacer y lo que necesito para sobrevivir? Y si creíamos haberlo resuelto la misma pregunta se convierte en una nueva revisión sobre el tema. Si no conocemos o valoramos nuestra propia capacidad, sostener una vida autónoma o cerrar la brecha se vuelve mucho más difícil. Quirón no viene a reforzar la autoexigencia, sino a ayudarnos a construir una relación más honesta y compasiva en que nuestro talento y valor puedan ser parte de la ecuación. Los próximos 7 añosDurante los próximos años, Quirón nos acompañará como terapeuta y guía para sortear los temas sobre la seguridad material, el vínculo con el cuerpo, la confianza en nuestras capacidades y la manera en que entendemos el sustento o autosustento. Será un tiempo para aprender de nuestros límites y también para madurar nuestra actitud frente a la realidad material.
Para quienes transiten o se acerquen a los 50 años durante este periodo hasta 2032, la experiencia puede ser especialmente reveladora. Habrá oportunidades para redefinir prioridades, flexibilizar certezas y encontrar más humildad y realismo frente a la realidad somática y material. Quizás a lo largo de este periodo, palabras como seguridad, autosuficiencia e impermanencia adquieran un significado más profundo. Y en esa comprensión, tal vez descubramos que la verdadera estabilidad no consiste en que nada cambie, sino en aprender a sostenernos incluso cuando todo se mueve.
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Quirón En Aries Desde el 17 de abril de 2018 (8:10 UT; 5:10 CL) hasta el año 2027, Quirón comenzará su viaje por Aries. En Aries, el Centauro sabio y sanador, nos enseñará a sanar los aspectos aún distorsionados de lo masculino, a conocer más y mejor nuestros impulsos, como también a equilibrar el valor de la libertad personal con el genuino amor por los demás. Quirón trae a la consciencia la herida. Y Marte, como dispositor (regente) de Aries está involucrado en la herida quironiana. La mayor parte de los nacidos entre 1968 y 1977, comenzarán un viaje de sanación, para ello será necesario valorar su ímpetu, que finalmente les ha permitido ser quienes son (pese al miedo). Esta generación podrá tomar consciencia y perdonarse el exceso de fuerza o vehemencia, las batallas equivocadas y el egocentrismo, como también su aparente opuesto, el exceso de cobardía y la parálisis. Herida Colectiva En lo social, el macho que valora irreductiblemente el patriarcado nos ha hecho muchísimo daño -tanto a hombres como mujeres-, fijando una posición de dominio y de competencia, empujándonos a las relaciones desiguales, muchas de ellas violentas. Probablemente Quirón nos guie -en lo colectivo- a encontrarnos con la genuina fuerza masculina que hay en cada uno de nosotros, aquella que en total serenidad mide su fuerza y la pone al servicio de un bien mayor. El reto transpersonal Quirón también es un maestro transpersonal, por lo que puede que nos ayude y enseñe a transformar nuestra consciencia egocéntrica y la parálisis temerosa en la que entramos en algunas zonas de nuestra vida producto de la huella de nuestra historia. Un buen ejemplo de este proceso es el de Aquiles, glorioso guerrero y discípulo por excelencia de Quirón. Aquiles no sólo tenía en su talón el punto más débil; también tenía dificultades para aceptar el dolor. En la Iliada, Aquiles pierde a su mejor amigo en manos del príncipe Troyano Héctor. Aquiles se siente único en su duelo, y en su egocentrismo se siente con derecho a cometer barbaries tremendas contra la familia real troyana en represalia, particularmente a través del vejamen al cuerpo de Héctor (que muere en batalla). A través de la ayuda de los dioses, se logra que el rey de Troya visite a Aquiles por la noche a fin de recuperar el cuerpo de su bienamado hijo. En la visita, Aquiles primero se exalta y luego sale de su egocentrismo, se abre y llora como un niño; no sólo por la muerte de su amigo, sino también porque comprende y comparte el dolor del rey, que también ha perdido a su hijo en manos de Aquiles. Luego de ese encuentro, el cuerpo de Héctor ya no es sólo el del odiado enemigo, sino también el cuerpo del amado hijo de un padre que sufre. La leyenda nos enseña que la violencia y/o el miedo nacen, la mayor parte de las veces, del rechazo a la herida (o al dolor) y de la defensa para no sentirlo. Y que este rechazo responde a una consciencia más primitiva y egocéntrica que nos ciega frente a la situación ajena. El problema con la violencia es que es una defensa poderosa que nos adormece momentáneamente contra la sensación de desamparo y vulnerabilidad. Pero como ya sabemos, la violencia trae más violencia y reproduce más dolor. Si por temor a la violencia nos hacemos los que nos vemos, eso no nos ahorra dolor, tarde o temprano deberemos entrar a conocer la fuerza que está más pura debajo de la violencia, el dolor, la fuerza para sobreponerse al dolor, el impulso a existir y defender quienes somos. Tal vez Quirón -en esta pasada- nos enseñe colectivamente a ser más conscientes y a comprender mejor cómo parar el círculo que la reproduce. Si viésemos cómo participamos en el dolor de este mundo, seguramente no pararíamos de llorar (tal como esa noche lo hicieron abrazados Aquiles y el rey de Troya). Desde esa conciencia es más fácil hacer gestos que cambien nuestra situación. |
Alice Thomas
Psicóloga Clínica, Astróloga Categorías
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